Dos regalos para disfrutar en familia: fe y libertad

04 de Julio 2020
 María Eulalia Gil
Dos regalos para disfrutar en familia: fe y libertad
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Se habla de educar la fe en la familia porque, si bien es cierto, la fe es un regalo recibido de Dios, es necesario cuidarla para que alcance toda su plenitud. En retrospectiva, cada uno es, en parte, lo que ha sido su familia. Cada hijo es para sus padres un proyecto vital, permitido por Dios para la eternidad; toda una responsabilidad depositada en unas manos y en un corazón: el corazón de los padres.

Para llevar a cabo esta gran misión, contamos, en primer lugar, con un instrumento poderoso: la oración.

En efecto, “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos” (Mt 18, 15-20) nos promete Jesús. La familia católica, fundada en el sacramento del matrimonio, tiene todo para escribir una página para el cielo, aun en circunstancias difíciles.

Cómo inculcar la fe a los hijos

Además de la oración contamos con la gracia de Jesucristo. Los padres tienen la alegría de acompañar ese camino de los hijos haciendo vida ciertos aspectos clave:

1. Los sacramentos: bautizar a los hijos tan pronto como nazcan, sin demoras innecesarias. Luego vendrán los demás temas propios de la edad.

2. Las oraciones al acostarse: cuando los niños ya son grandes, que acompañen tanto a papá como a mamá a rezar una parte del Rosario.

3. La asistencia a la Santa Misa dominical: cuando los hijos están pequeños podemos acudir a la de niños y siempre precedida de una explicación. Conseguir un Misal para niños, bien sea físico o virtual en alguna aplicación móvil, ayuda a mantenerlos centrados. En la adolescencia, si hay resistencia, plantearlo como un programa de la vida familiar al que es importante asistir, así sea desde fuera.

4. Los acontecimientos familiares: unidos para rezar por los parientes enfermos o necesitados, el trabajo de papá, la salud de la abuela, etc., explicándoles que el Señor dará la mejor solución así no nos conceda lo que le pedimos, porque Él siempre permite lo mejor.

5. La solidaridad con los necesitados: que vean las necesidades de los demás y compartan con alegría y generosidad. Lo anterior, acompañado de la coherencia y libertad propias de los esposos y padres para que, así, los hijos vean la belleza de la fe y la caridad vividas en familia, aun en medio de las dificultades que trae consigo la vida.

Sin más, el papel de los padres en la trasmisión de la fe, es protagónico. Desde el bautizo hasta las decisiones trascendentales que se toman en la primera juventud, ese mensaje está presente. Y, ¡qué decir de los abuelos! En sociedades como las nuestras, donde todavía es tan importante esa familia nuclear y extensa, es vital apoyarnos en la experiencia y presencia de los abuelos.

Lo importante es ir creando vínculos y vivencias llenas de sentido. Hoy en día muchos abuelos pasan incluso más tiempo con sus nietos que los propios padres; este espacio es propicio para transmitir una fe –que la sociedad actual muchas veces oculta– sin autoritarismos sino con razones y alegría, esto, a través de comentarios, relatos, historias y con el ejemplo. 

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