Resumen de la intervención de monseñor Jorge Ayala - Sacramento de la Penitencia

02 de Mayo 2020
Resumen de la intervención de monseñor Jorge Ayala - Sacramento de la Penitencia
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"Una vez pase esta cuarentena, se requiere buscar a un sacerdote para celebrar el sacramento de la Confesión como habitualmente lo hacemos, en privado y verbalmente"

ABRIL 2 DE 2020
*Sacramento de la Penitencia-Sacramento de la Confesión*
Entendiendo que el pecado es decirle NO a Dios, es darle la espalda al Señor, tenemos en estos días, la oportunidad de pensar detenidamente, como en un retrovisor, un buen trayecto de la vida personal, para hacer una buena confesión, como preparación a la Semana Santa.
Se recomienda seguir los siguientes pasos, teniendo en cuenta el momento del mundo, donde el aislamiento es una condición que vivimos, y estos son:
*Examen de Conciencia* 
Es importante asumirlo con sencillez y humildad. Inicialmente es contrastar nuestra conciencia y nuestra vida con la Palabra de Dios, puede tomar la parábola del hijo pródigo, la oveja perdida o la moneda que una mujer extravió: hallamos estas páginas en Lucas 15, Seguidamente haciendo un ejercicio de evaluación con los 10 mandamientos de la Ley de Dios y quizá, por último, tocar algunos aspectos de la vida personal que “le acusan”, que “le pesan” en la conciencia. Toda esta ejecución se caracteriza por ser una experiencia tranquila, sin afanes ni angustias, lo importante es que se haga con el corazón. Es una evaluación de nuestra vida delante de nuestros comportamientos ante Dios y los hermanos.
*Arrepentimiento*
En el sentido espiritual es reconocer habernos equivocado con Dios, y sentir verdaderamente que nos duele. Asimismo, no puede ser rápido y ligero porque se corre el peligro de hacerlo superficial. Es sentir que el pecado nos duele, sentir que “el dolor” de que hemos dado la espalda a un Dios tan bueno, que siempre quiere ser nuestro amigo y quiere nuestro mejor bien tanto con Él como con nuestros hermanos.
*Propósito de Enmienda* 
Básicamente es la promesa de “no volver a pecar” porque nos dimos cuenta, a conciencia, de habernos escapado de la casa del Padre bueno (hijo pródigo). En esta tarea no es necesario ser ambiciosos, pensar que de un día para otro cambiaremos radicalmente, somos humanos. Pero si es importante establecer un proceso serio, concreto y definido para comenzar el cambio con la ayuda de Dios. Solos no podemos. De esta manera se pueden asumir objetivos sencillos y metas realizables, ojalá, empezando, si es posible con aquellas fallas personales que más nos duelen. Importante definir los medios para poder cumplir la promesa.
*Confesión de Boca*
– Evidentemente se relaciona con la confesión verbal sacramental con un sacerdote, donde se reconocen los pecados, sin embargo, por la situación actual, sería sentarnos en un ambiente privado, y previa elaboración de los pasos anteriores, pedirle sincera y profundamente perdón a Dios por los pecados cometidos. 
Posteriormente hacer alguna oración de arrepentimiento, como el “Yo confieso” o el “Jesús mi Señor y Redentor” o una oración espontánea salida del corazón y de la conciencia arrepentida pidiendo perdón, absolución y penitencia por el mal comportamiento que le ha dicho No a Dios o le ha dado la espalda a su voluntad. “La confesión individual e integra y la absolución continúan siendo el único medio ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia (la comunidad), a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión.”
Una vez pase esta cuarentena, se requiere buscar a un sacerdote para celebrar el sacramento de la Confesión como habitualmente lo hacemos, en privado y verbalmente.
*Cumplimiento de la Penitencia*
Usualmente cuando el sacramento de la penitencia se celebra en presencia del sacerdote nos indica hacer una oración, una obra de caridad o en algunos casos la visita a un santuario como penitencia y reparación por las faltas cometidas. En estos días, en esta cuarentena, según nuestra conciencia nos imponemos una acción o propósito que nos ayude a remediar el mal que hemos hecho y lo ofrecemos como nuestro compromiso.
Finalmente, viviendo de esta manera este sacramento, nuestra vida espiritual queda en paz, y con ello nos disponemos a celebrar y vivir esta Semana Santa con el alma purificada y el corazón limpio.

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